En la sangre de Jesús

El mes de julio es un tiempo en que durante los oficios vespertinos o después de la misa de la tarde rezamos las letanías a la Preciosa Sangre de Cristo. Unos meses después de las reflexiones Cuaresmales sobre el misterio más grande de nuestra fe, volvemos a contemplar la imagen de un Dios herido y atormentado. Podríamos preguntarnos: ¿por qué la Iglesia durante este mes de julio, normalmente relacionado con las vacaciones quiere que volvamos a mirar con nuestra mirada espiritual hacia el derrame de sangre que fluyen del Corazón traspasado de Jesús?

Ciertamente, quien contribuyó a ello de un modo especial fue San Gaspar del Búfalo, nombrado por el Papa Juan XXIII como el verdadero y más grande apóstol de la devoción a la Preciosa Sangre de Jesús. También en el “Diario” de santa Sor Faustina, podemos encontrar muchos fragmentos en los que ella alaba este gran don para nosotros, que es la Preciosa Sangre de nuestro Señor. Las experiencias místicas permitieron a Santa Faustina conocer profundamente esta gracia otorgada a toda la humanidad: “Oh Jesús, recuerda Tu amarga Pasión y no permitas que se pierdan almas redimidas con tan Preciosa, Santísima Sangre Tuya. Oh Jesús, cuando considero el alto precio de Tu Sangre, me regocijo en su inmensidad porque una sola gota habría bastado para salvar a todos los pecadores” (Diario, 72). Todos hemos estamos invitados a conocer este inmenso don para, siguiendo el modelo de santa Faustina, poder confesar: “Te amo, Jesús, con cada gota de mi sangre y la derramaría voluntariamente por Ti para darte la prueba de mi amor sincero” (Diario, 57).

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